
La puerta estaba entreabierta y un hombre peinado con gomina trataba de arreglarla. En cuanto intenté ingresar al pequeño bar, me sorprendí al darme cuenta de que quien luchaba contra la cerradura no era otro que el gran Oscar Chabrés, un hombre que es sinónimo de tragos y barras en la Argentina.
Un breve repaso puede ser útil para entender de quién estamos hablando: Oscar comenzó como mozo en la Embajada y en el Club Alemán, hasta llegar al Hotel Claridge, lugar en donde no tardaría en convertirse en el responsable de su mítica barra. Oscar Chabrés es considerado por muchos como un maestro de generaciones, y desde hace dos años maneja su propio bar, un pequeño espacio sobre la calle Maipú que lleva como nombre su propio apellido, Chabrés.
Esa noche el bar no estaba muy ocupado, y a los pocos minutos Oscar abandonó casi derrotado la puerta para dedicarse a lo que más le gusta: la alquimia etílica.
- Buenas noches, amigo, ¿qué va a tomar hoy? -preguntó sonriente
Antes de responder no pude contenerme y le estreché la mano con ganas, confesándole que desde hace tiempo venía escuchando su nombre y que finalmente cumplía con la promesa que me había hecho a mí mismo de ir a probar sus brebajes.
Oscar se mostró sorprendido y halagado a la vez, aunque su humildad pudo más y, tras desestimar mis elogios siempre con una sonrisa, insistió con la consulta: a fin de cuentas, a un bar de tragos se va a beber.
Le confesé que estaba en sus manos, que no elegiría nada, sino que lo dejaba a su discreción. Preguntó entonces cuál era la bebida “de base” que más me gustaba -ante lo cual confesé mi predilección por el whisky- y, habiendo oído eso, comenzó con su arte: Johnny Walker Red + Pineral + Martini Rosso + Hesperidina, a lo que le sumó la cáscara de un limón para decorar (no sin antes retorcerlo, como mandan los manuales).
- ¿Cómo se llama el trago? -pregunté
- No tiene nombre, es lo que me salió en el momento, reconoció alegre.
Estuvimos charlando un buen rato. Cada tanto entraba y salía Jorge, su hermano, que si bien le da una mano atendiendo el bar, confesó no saber hacer tragos.
- En cuanto aprenda a prepararlos no lo vemos a Oscar nunca más -aseguró uno de los habitués del lugar en medio de una carcajada.
Es que Chabrés es ante todo eso: un bar de viejo estilo para relajarse en la barra y beber tranquilo. Es cierto que tal vez no sea el lugar ideal para llevar a una chica (hay bares más “cool” como para ese metier), pero sin dudas funciona a la perfección en una noche de soledad en la que uno quiere beber al mejor nivel.
Al poco tiempo, Oscar me sorprendió: “Tengo ganas de preparar un Millenium“.
El Millenium es un trago creado por él, que lleva partes iguales de whisky, Campari y Gancia, al que le estruja -con cariño, eh- una cáscara de pomelo.
La noche sigue, con charlas, risas y anécdotas. El tiempo, imperceptible, pasa. Jorge ofrece un cortado: son las 4 y está por cerrar. Quedamos pocos, nos conocimos hoy, y parecemos amigos de toda la vida.
Vuelvo a estrechar la mano de Oscar y salgo a la calle, a buscar la parada del 59.
El maestro de la coctelería argentina me preparó dos tragos, me confesó sus temores y alegrías, y fue el anfitrión para una noche inolvidable.
Llegué como cliente y siento que me voy con un amigo.
Gran noche en Chabrés.
DATA DURA:
Chabrés, bar de tragos
Maipú 530, Ciudad de Buenos Aires
43221542
Web: chabres.blogspot.com
Precio de tragos: entre $22 y $25.-